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Weekly Dose

Gente feliz y sonriente

Por Arýea - 7 de Octubre, 2007, 13:39, Categoría: Manías

Modo: Musing
Escuchando:
Shiny Happy People - REM
Viendo:
"En llibres, l'Abacus et dóna... l'estalvi de sempre!" (ñe, a partir de ahora ya no habrá tanto descuento >.<)
Leyendo:
Fic de HP de Sabrina (R&S *O*)
Deseando:
Nadar... no hacer nada =9

Me abuuurro... me aburro como una ostra...
He puesto una skin en el DeviantArt que es la mezcla de dos, y mola pero da yuyu a la vez. Y no sé cómo quitarla. ¡Colgadme un cartelito que ponga: Esta tía lo lía tooodo! D: Salen unos dedos horripilantes, y cuando le doy al click me salen llamas... pero mola.
Como los bichos esos que salen en la película de Eragon... pero ¡oh, dios, nunca la volveré a ver! Y eso que vi un trocín ayer, en el Sonimagfoto... nunca máis. La peor, pero peor, adaptación que he visto en mi vida.

Arýea declama:
"Como pilléis el DVD, Arýea llegará a vuestra casa y descuartizará el archivo y/o CD correspondiente, siendo vosotros testigos de una masacre. Si lo devolvéis a la tienda, mejor que mejor. Vuestro cuerpo lo agradecerá".

¿Entendido? ^__-
Por cierto, el Sonimagfoto estaba súper, pero súper chulo. Yo quiero una cámara refleeeex *O* Y vi tabletas Wacom, una que medía como una pantalla normal...
I want a tablet.
Para Navidades, si puede ser.

En fin, que me aburro mucho.
Mañana tengo examen de Mates... moriré x.x

¡Deseadme suerte! ^o^

P.D.: Hamilton se ha caído, se ha caído... yujuuuu. Ojalá no gane el mundial ¬¬
Ah, dejo un mini-relato que hice para un concurso de relatos del foro de LGG ^^:

Viajes

Sus manos temblaron ligeramente de emoción, agarrando fuertemente aquel ejemplar del periódico Le Monde, concretamente en la página de esquelas.

— ¿Qué te ocurre? —le preguntaban todos.

—Nada, nada —contestaba él, tamborileando sus dedos sobre la mesa. Todos sus amigos se lo miraban con una duda creciente, pero Tapón no contestó ninguna de las preguntas formuladas. Se fue de la calle con el ánimo más levantado que nunca.

Paseaba por la ciudad sin pena alguna, como si en unos segundos todo se hubiese vuelto más amical que de costumbre.

Vio a un vagabundo, agazapado en un rincón. Sin ninguna duda se acercó a él.

—Eres un poco pequeño para estar por estas horas paseándote por la calle —gruñó.

Tapón sonrió. Siempre se lo recordaban.

Mientras el hombre seguía bebiendo lentamente de una vieja botella, Tapón siguió pensando en su sueño, que cada vez se acercaba más. Saltó, movido por un resorte, y se despidió del hombre.

Como un tapón de cava, salió con potencia hacia su casa, y entró haciendo un estruendo terrible.

— ¿Hermanito, por qué vienes así? —chilló su hermana pequeña.

—Hijo, no corras tanto —advirtió su madre, con su cigarrillo habitual en la mano. Tapón metía cosas, seleccionaba unas y se deshacía de otras. En cinco minutos ya tenía una mochila lista para ser arrastrada, manoseada y ensuciada. Su madre y su hermana se quedaron con los ojos llenos de asombro.

—Pero... pero... ¿qué haces?

—Voy a atrapar mi sueño —contestó Tapón lleno de euforia.

Nadie sabía el mayor secreto de Tapón: el sueño que llevaba escondido desde los ocho años. Aquel año había sido el más duro, a pesar de su infancia. Papá había muerto, y todos estaban tristes. Y ya había pasado el tiempo, pero "eso" había quedado como una marca indeleble en los corazones de su mujer e hijos.

—Adiós, mamá. Adiós, Sarah.

Tapón, antes de irse, agarró unos cubitos de hielo, y se los acercó a la boca. Como su apodo, era una cosa que siempre hacía. Los mordió con rabia, pero también con alegría. Se despidió de ellas agitando la mano.

—Este hijo... —suspiró la madre de Tapón.

Tapón corría y gritaba a la vez. Ya no tenía que preocuparse de nada. Ni de los estudios, ni de los ligues, ni de los amigos, ni de su familia.

De nada.

En la mano izquierda llevaba una tarjeta y un puñado de billetes. Llegó a la estación, jadeando. Se acercó a la taquilla.

—Quiero un billete hacia Perpiñán —dijo con solemnidad. La taquillera contempló el trozo de plástico. Se estaba preguntando para qué un chico bajito quería ir tan lejos. Tapón no la hacía caso.

Iba a ir a buscar el pasado de su padre, enterrado cerca de la Costa Azul y asimismo, iba a buscar su libertad.

—Ten, Pierre. Creo que necesitas este carné —le gritó a Tapón. Tapón se giró y lo cogió con lentitud.

Cuando llegó el tren, sólo pensaba en una cosa.

Ya no era Tapón, ahora sólo era Pierre.


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