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La boda (chan-chaaan)
Encerré mi alma Robin Se llamaba Robin. Sí, Robin, como el compañero inseparable de Batman. No se parecía mucho a él: era bajito, de cabello y ojos oscuros. Su mirada se diferenciaba de la de su hermano, gélida como el hielo. Siempre observaba, aunque al resto de gente no le gustase que hablara tan poco. Su padre estaba con otra mujer, que les cuidaba a los cuatro: a su hermano y a sus medio hermanos, unos bichos de apenas cuatro años, revoltosos y un poco pillines. Él se sentía bien con ella. Le hacía sonreír, y él sonreía porque quería. Pero no era su madre. Muchas veces se sentaba en la cama, acariciando las suaves sábanas y el sol ya caía. El viento fresco, en una tierra cercana a Andorra, le sentaba bien; en invierno aquél aire era puro frío. Pensaba en sus hermanos y en el colegio, donde sólo había nueve niños. También en los viajes que tenía que hacer cada día para ir y volver a casa, ya que no vivían en el pueblo más cercano, Solsona, sino en un hogar de la Iglesia que estaban reformando para convertirla en una casa rural. Una casa rural... Qué lejos parecía quedar todo eso para que alguien quisiera viajar y estarse allí. Su madre era inglesa, y por eso se llamaba así. Sin embargo, era consciente de que hacía cosas muy raras. No, raras no. En el lenguaje corriente tomaba todo tipo de cosas. Drogas. Murió al poco tiempo. Robin la quería muchísimo, pero su adicción se convirtió en un veneno. Su padre empezó a pasar de él, y empezó a "no oír". A quedarse en silencio. A sentirse más solo. A notar que era invisible a sus ojos. A abandonarse. Un día, vio a su madrastra, cuando mamá ya había muerto. Iba con un traje blanco, precioso, y parecía muy feliz junto a su padre. Con papá. Con Jordi. Ella se dio cuenta de que él estaba allí. Y le hizo sentir una tranquilidad que nunca antes había sentido. —Hola, Robin. Soy Gemma. El tiempo fue pasando, y Robin empezó a sentir que su madrastra empezaba a preocuparse. Entonces empezó a hablar. A divertirse. A vivir. —Dormid un poco. Hoy vamos a la boda de una prima mía, Tatiana —explicó Gemma, poniéndose aquella ropa tan rara. Entraron en el coche no mucho tiempo después. — ¿Adónde? —preguntaron a la vez los pequeños. —A Barcelona —dijo Jordi. — ¿Y eso es mucho? —Bastante. Venga, a hacer la siesta. Bernat y Ricard apoyaron las cabezas de una manera cómoda para dormir, mientras Arnau y Robin tardaron un poco más. Barcelona estaba lejos. Experimentos raros u.u En fin, que me voy a hacer los deberes, pero antes voy a poner links de blogs de gente que encuentro importante, o interesante. Nos vemos ^w^ Arýea~ |
¡Lo he conseguido!
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